Algunas piezas de las que hago, ya sean cerámicas o pinturas, pasado algún tiempo, van subiendo de valor a mis ojos, aún sin saber porqué, me van gustando más y no me canso de contemplarlas. Bien es cierto que no a todas les pasa lo mismo y algunas corren peor suerte y terminan arrinconadas en algún lugar del taller, esperando un reciclado que las redima de su estado de abandono, que finalmente puede o no, llegar. Pero lo cierto es que ésta está entre las primeras.
Este sitio esta dedicado a lo que se puede hacer con las manos en el campo de la artesanía de la madera, de las artes cerámicas y de las plásticas en general; utilizando los diversos materiales que hoy día están al alcance decualquiera, bien en el mercado o entre desechos varios siempre susceptibles de ser reciclados.También incluyen algunas reflexiones sobre el arte.
miércoles, 28 de diciembre de 2011
Ruido de ojos.
Acrílico sobre madera entelada de medidas: 80x60 cm. El cuadro se me fue de las manos y lo que empezó siendo una disposición ordenada de manchas de color, pretendiendo otro esquema distinto, terminó siendo un aquelarre de pinceladas impulsadas desde mi interior, y solo al final me paré a contemplarlo desde media distancia y a darle unos toques de carboncillo. Acababa de tener un subidón de dopamina. ¡ Esto había que repetirlo mas veces!
Algunas piezas de las que hago, ya sean cerámicas o pinturas, pasado algún tiempo, van subiendo de valor a mis ojos, aún sin saber porqué, me van gustando más y no me canso de contemplarlas. Bien es cierto que no a todas les pasa lo mismo y algunas corren peor suerte y terminan arrinconadas en algún lugar del taller, esperando un reciclado que las redima de su estado de abandono, que finalmente puede o no, llegar. Pero lo cierto es que ésta está entre las primeras.
Algunas piezas de las que hago, ya sean cerámicas o pinturas, pasado algún tiempo, van subiendo de valor a mis ojos, aún sin saber porqué, me van gustando más y no me canso de contemplarlas. Bien es cierto que no a todas les pasa lo mismo y algunas corren peor suerte y terminan arrinconadas en algún lugar del taller, esperando un reciclado que las redima de su estado de abandono, que finalmente puede o no, llegar. Pero lo cierto es que ésta está entre las primeras.
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